1. Incluir pollo en los diferentes momentos de consumo : el pollo puede ser el centro de una alimentación saludable. Se debe acompañar con vegetales, granos integrales y grasas saludables para obtener platos balanceados.
2. Variar los métodos de cocción: optar por técnicas saludables como al vapor, al horno, a la parrilla o salteado con aceite como oliva o mantequilla. Evita las frituras frecuentes.
3. Aprovechar todas sus partes: elegir pechuga para preparaciones bajas en grasa o muslos para recetas más jugosas. Usar el caldo de huesos como base para sopas nutritivas. Las alas, aunque contienen más grasa, es importante resaltar que ésta es saludable y no tiene efectos negativos en la salud. Las vísceras de pollo son ricas en nutrientes como la proteína y minerales como el hierro y vitaminas como vitamina B12. Estas ultimas se recomiendan especialmente para niños menores de 5 años, mujeres durante el embarazo y la lactancia y en adultos mayores para prevenir la anemia presente en estos grupos poblacionales.
4. Tener en cuenta las porciones: una porción adecuada de pollo cocido para un adulto es de aproximadamente 100-120 g (el tamaño de la palma de la mano sin los dedos).
5. Agregar variedad y color al plato: combinar el pollo con alimentos ricos en fibra como lentejas, quinua, arroz integral o plátano, y vegetales cocidos o crudos de diferentes colores.